¿Dormir con nuestros bebés?

Actualmente, conocemos el colecho o cama familiar como la práctica en la que bebés o niños pequeños duermen con uno o los dos progenitores.

Se trata de una práctica que se realiza desde el comienzo de la Humanidad, habitual hasta el siglo XIX, época en la que nacían más hijos de los que se podía alimentar. Entonces, ocurría que "por accidente", empezaron a morir muchos lactantes "fortuitamente" aplastados por sus progenitores. La Iglesia tomó cartas en el asunto y prohibieron que los hijos durmieran con sus padres para evitar más infanticidios por este método.

Hoy en día, el colecho sigue siendo una práctica elegida para dormir en multitud de sociedades, salvo en EEUU, Europa y Canadá. En los últimos años, la cultura occidental acepta dicha práctica por los beneficios tanto físicos, psíquicos y sociales a corto y largo plazo, avalados por diversos estudios.

En países donde el colecho es la norma, como por ejemplo Japón, el índice de muerte súbita del lactante es uno de los más bajos del mundo.

En resumen, las recomendaciones básicas para la realización de un cohecho seguro son las siguientes:

Evitar consumir alcohol, tabaco y drogas
Postura del bebé boca arriba
Ropa de cama de la misma medida del colchón
No tener almohadas cerca de la cara del bebé
Evitar el hacinamiento
No abrigar excesivamente al bebé
Evitar colchón demasiado blando
Favorecer la ventilación de la habitación durante la noche

Durante cientos de años, desde que el ser humano vivía en cuevas, los bebés han dormido con sus padres, obteniendo de ellos afirmación emocional, calor, protección y leche materna. Si el bebé tiene alguna dificultad por la noche recibe el socorro inmediatamente, incluso si su temperatura sube, la temperatura de la madre baja para compensarlo. Una de las mayores ventajas de la realización de colecho es la proximidad del bebé a su madre, ya que estimula la lactancia materna y son niños que se alimentan un mayor número de veces durante la noche, esto hace que su fase profunda de sueño sea menor con lo que el riesgo de muerte súbita es más bajo. Además en la fase menos profunda del sueño del bebé es cuando tiene su máximo desarrollo neuronal, por lo tanto, al practicar colecho, no sólo se alimenta más y su desarrollo fisiológico es mayor, sino que también estamos influyendo en su desarrollo neuronal.

Los últimos estudios nos dicen que los niños que duermen con sus padres lloran menos, tienen mayor autoestima y seguridad en sí mismos, obteniendo la capacidad de afrontamiento en su edad adulta.

El vínculo que se crea entre los progenitores y el bebé en la práctica del colecho, hace que los padres desarrollen mayor empatía y sensibilidad en su proceso de adaptación a su nueva vida y su necesidad en esta etapa de seguridad y protección sea satisfecha.

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